De Palas de Rei a Arzúa
Hoy, al empezar esta crónica, he tenido que recurrir a la galería de fotos del móvil. No recordaba bien de dónde habíamos salido.
Son pocos días de ruta, pero entre el cansancio acumulado y que escribo medio dormido al acabar la jornada, la memoria empieza a jugarme malas pasadas.
Resuelta la duda: salimos de Palas de Rei justo después del desayuno.
La mañana nos recibió con una temperatura muy agradable, de esas que te obligan a jugar con las capas: camiseta, térmica y cortavientos. Durante horas caminamos sumergidos en la niebla. A los paisajes gallegos les sienta bien ese halo de misterio; les añade un atractivo especial, casi místico, como si estuviéramos atravesando un escenario de leyendas celtas.
Melide: El epicentro del pulpo á feira
Teníamos una parada ilusionante en el horizonte. A mitad de trayecto, tras recorrer quince kilómetros, llegamos a Melide. Este pueblo no es solo un punto geográfico; es el lugar donde el Camino Primitivo se fusiona con el Camino Francés, uniendo las dos rutas jacobeas más antiguas en un solo flujo de peregrinos.
Como manda la tradición, Melide es parada obligada para degustar el famoso pulpo á feira.
Aunque en todas las guías mencionan y potencian Casa Ezequiel, esta vez hemos querido probar la pulpería A Garnacha.

Una elección excelente; no tiene nada que envidiar a los clásicos más mediáticos.

Reconfortados con una ración de pulpo cada uno y una botella de Ribeiro para compartir entre los cuatro, retomamos la marcha hacia nuestro destino de hoy: Arzúa.
El tramo final hacia la «Tierra del Queso»
Nos quedaban otros quince kilómetros por delante. Se nos hicieron algo largos, a pesar de que las cuestas aquí no son tan pronunciadas como las que sufrimos durante nuestra primera semana.
El cuerpo ya nota el kilometraje, pero el ánimo sigue alto.
Finalmente, a las dos de la tarde y tras siete horas de jornada (pulpo incluido), entramos en Arzúa.
Nos alojamos en la Pensión Carballeira, situada a escasos cien metros del Ayuntamiento, en pleno corazón del pueblo. Habitación con tres camas. Bien equipada.
Tras una ducha reparadora, fuimos a comer a Casa Chelo. Es el lugar que recomiendan las guías pero, sinceramente, nos pasó como con Ezequiel: empiezan a estar algo sobrevalorados. Nos encontramos con una sola persona atendiendo demasiadas mesas, lo que se tradujo en esperas excesivas entre plato y plato.
El «ascenso» de Santiago en la iglesia local
Después de un necesario descanso en la pensión, salimos a dar una vuelta y hacer algunas fotos. Entré en la iglesia parroquial buscando una imagen de Santiago que fotografié hace nueve años, pero no la encontraba por ningún lado.
Al final me di cuenta: la han cambiado de lugar y ahora preside lo alto del altar mayor.
Podría decirse que Santiago ha ascendido en este templo que, históricamente, ha sido refugio de peregrinos desde que los agustinos fundaron aquí un hospital en el siglo XIV.
Sellamos nuestra credencial tras la misa de peregrinos, cumpliendo con el ritual de cada etapa.
Para cerrar el día, no podíamos irnos a dormir sin probar el producto estrella de la zona.
Cenamos más pulpo y, por supuesto, el célebre queso de Arzúa-Ulloa, con su característica textura cremosa y ese sabor que te recuerda que ya estás muy cerca de la meta.
Y mañana, nos esperan solo veinte kilómetros hasta O Pedrouzo.
¡Ya casi olemos la Catedral!
Precio aprox.
Comodidad / Valoración
Extras