De Astorga a Foncebadón
El día ha empezado con un desayuno de donativo, de esos en los que tomas lo que quieres y dejas lo que consideras justo.
Nosotros hemos gastado poco, porque llevábamos un paquetito con seis famosas mantecadas de Astorga, ese dulce que lleva siglos siendo emblema de la ciudad maragata. Una para cada uno y las otras dos para una pareja de peregrinos que estaba allí.
Primeros pasos: la cuesta y los recuerdos.
Nada más salir del albergue, toca subir una cuesta con bastante pendiente, la misma que ya conocíamos de las dos salidas de ayer.
Subirla con mochila no es fácil… bueno, eso dicen, porque la mía apenas pesa dos kilos (seis de media, eso sí).
Mientras subíamos, me vino a la memoria mi primer Camino de Santiago, en 1999. Recuerdo lo “perjudicado” que estaba cuando salía de Astorga. Renske, una peregrina holandesa, me hizo una foto en la calle Ecce Homo, una vía cuyo nombre recuerda la antigua tradición de representar a Cristo en su Pasión.
En aquella foto yo parecía un Ecce Homo viviente. Hoy, el cartel de la calle está más deteriorado que yo.
Pueblos maragatos y ritmo cansino
El camino ha sido fácil mientras pasábamos las primeras poblaciones: Valdeviejas, Murias de Rechivaldo, Santa Catalina de Somoza y El Ganso. Todos ellos forman parte de la Maragatería, una comarca con identidad propia, famosa por sus arrieros que durante siglos transportaron mercancías por toda España.
Hoy hemos bajado la velocidad, aunque mantenemos un ritmo “dos por cuatro”. Se nos nota un pelín cansados.
La parada técnica en El Ganso
En El Ganso hemos hecho la parada técnica de cada día.
El bar donde siempre paraba, el Cowboy, estaba cerrado, así que hemos entrado en el albergue Sigo mi Camino.
Y lo cierto es que mejor si hubiéramos hecho caso al letrero. El hospitalero —o lo que sea— ha resultado ser un impresentable, amargado y maleducado. Como suelo decir: ¡Que le den!
Desde luego, si vuelvo a hacer este Camino, será un sitio para no entrar.
La subida hacia Rabanal del Camino
Después de El Ganso, el terreno sigue llano unos kilómetros. Pero la felicidad dura poco: empieza la cuesta arriba, una pendiente entre suave y menos suave que ya no abandonamos hasta Rabanal del Camino.
Rabanal es un lugar con historia jacobea profunda: desde la Edad Media, los monjes benedictinos atendían aquí a los peregrinos antes de afrontar la montaña.
Hoy siguen celebrando vísperas en latín, una tradición que conecta directamente con los primeros siglos del Camino.
He dado un pequeño rodeo solo para pasar por la puerta del albergue Gaucelmo, donde me hospedé hace veintisiete años.
Me ha hecho ilusión verlo, aunque solo fuera de pasada.
Último esfuerzo: de Rabanal a Foncebadón
La cuesta arriba no termina en Rabanal; sigue, y con más pendiente, hasta llegar al final de nuestra etapa, en Foncebadón. Este pueblo, casi abandonado hace décadas, renació gracias al Camino.
En los años 90 apenas quedaban dos vecinos; hoy vuelve a tener vida gracias a los peregrinos.
Estamos en el albergue El Convento. Es nuestro primer albergue de literas: tres literas de dos camas, baño para seis. Una nueva experiencia para mis compañeros Pedro y Joaquín.
No parece que les entusiasme. A mí tampoco.
Tarde de frío, niebla y tertulia
El tiempo, que nos había respetado hasta ahora, ha cambiado bruscamente. La temperatura ha bajado a 8 grados. Llueve, hay nieblas… mañana igual toca ponerse el chubasquero. Para algunos será día de estreno.
Como la tarde no invita a pasear —y Foncebadón tiene muy poco que ver— pasamos la tarde en el salón del albergue, de tertulia.
No sé cómo terminará el día, pero las perspectivas son limitadas, así que doy por finalizada la crónica de hoy.
Mañana, aunque llueva, iremos a Ponferrada.
Precio aprox.
Comodidad / Valoración
Extras
Una respuesta a «Fondebadón»
El primer albergue para los señoritos.
Anécdotas graciosas de los novatos en albergues.
Oye dónde está la toalla aquí y gel no hay?? 😂😂