De O Pedrouzo a
Santiago de Compostela
8 de mayo de 2026
Hoy llegamos a Santiago de Compostela. Una motivación especial nos hace saltar de la cama antes que otros días.
Desayunamos cafés de máquina y sobaos también de máquina. Es normal que salgamos a caminar como unos «máquinas».
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Salimos de noche,
como sombras con bastón
Aún es de noche. Las primeras fotos hay que desecharlas porque apenas se distingue nada, pero voy a poner una para que os hagáis una idea. Bien mirada, también tiene su toque artístico.
Luego, cuando el día clarea, volvemos a disfrutar de la belleza de los paisajes gallegos: eucaliptos húmedos, aldeas dormidas, el olor a tierra mojada que acompaña estos últimos kilómetros del Camino Francés.
En concilio, decidimos no hacer ninguna parada hasta llegar a Santiago. Nos gustaría llegar pronto.
Como muchas veces me quedo rezagado, puedo hacer fotos del camino y de mis compañeros en marcha. Esta vez son José Antonio y Joaquín.
Y otras los adelanto y les saco la foto de cara. Esta vez, más reconocibles, Joaquín y Pedro.
Cerca de Lavacolla, justo antes de la subida final hacia el Monte do Gozo, nos encontramos con un monumento jacobeo. A su pie, muchos peregrinos dejan fotos, piedrecitas, con el significado que cada uno quiera darles, algo parecido a lo que ya vivimos en la Cruz de Hierro.
Pasamos por el Monte do Gozo, no entramos en el Albergue porque la pierna de Joaquín se ha vuelto a hinchar y no está para paseos extra.
Santiago de Compostela
Y hacemos entrada en Santiago de Compostela.
Después de las fotos ante la Catedral, a recoger las Compostelas y Franciscanas. Y a nuestro alojamiento en Santiago, que es el Hostel Loop INN para dejar las mochilas y movernos más ligeros por la ciudad, que hay muchas cosas que ver.
Paseo por Santiago
La Puerta del Perdón, hoy cerrada, abrirá oficialmente el 31 de diciembre de este año, con el inicio del Año Santo Jacobeo 2027
De los cuatro, Pedro es el único que no había estado nunca en Santiago, y disfruto enseñándole lugares e historias, como la de las dos Marías, en el Parque de la Alameda. Dos hermanas, Carmen y Maruxa Fandiño, que paseaban a diario por las rúas compostelanas con sus mejores galas y se convirtieron en un símbolo popular de la ciudad durante el franquismo.
Damos mil vueltas por las calles de Santiago: Rúa do Franco, Rúa do Villar, Rúa do Preguntoiro. No decimos «no» a ningún comercial que nos ofrece probar la tarta de Santiago. En cuanto a los orujos, ya nadie me los ofrece. O se acuerdan de mí, o se me nota que tomo medicación.
Pedro consigue entrar a la Catedral —enorme fila— y tiene la suerte de disfrutar de la misa del Peregrino e incluso ver en marcha el Botafumeiro, ese inmenso incensario de plata que surca la nave del crucero en un vuelo espectacular que pocas veces se olvida.
Terminan los kilómetros, pero no termina el Camino.
Porque, en realidad, nunca dejamos de caminar.
Cada etapa entre León y Santiago ha sido también una pequeña metáfora de la vida: días de fuerza y días de cansancio, amaneceres ilusionantes, lluvias inesperadas, conversaciones que dejan huella y silencios que ayudan a encontrarse con uno mismo.
Al llegar a Santiago uno comprende que la meta no era solo una ciudad ni una plaza frente a la catedral. La verdadera llegada consiste en descubrir que seguimos siendo peregrinos incluso cuando regresamos a casa. Siempre hay una nueva etapa por delante, una cuesta que subir, una duda que resolver, una persona a la que ayudar o un abrazo pendiente.
“El verdadero Camino empieza cuando regresamos a casa.”
La vida también es eso: aprender a caminar sin tener todas las respuestas, confiar en el siguiente paso y agradecer a quienes comparten tramo con nosotros.
Por eso, hoy no siento que haya terminado un camino de 320 kilómetros. Siento, más bien, que continúo el gran Camino de la vida… con el corazón un poco más ligero, la mirada más serena y el alma llena de recuerdos que ya forman parte de mí.
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