O Cebreiro a Triacastela
Hoy el Camino vuelve a abrirse como una página en blanco.
El día, como mi crónica, son una página en blanco. Habrá que ir llenándolos con las cosas que me ocurran.
A medio vestir salgo a la puerta del albergue. Según el pronóstico del tiempo, 99% de humedad, lluvia,… pero hace buena temperatura (si, algo fresca, pero buena), cielos despejados, muy agradable. Tanto, que he hecho salir a Pedro para que lo viera.

Decido dejar el audífono en la mochila, cada vez va peor, si quieren decirme algo que griten.
Desayunamos en el bar en el que ayer tomamos pulpo. Y a caminar.
Subidas, bajadas y la magia del Alto de San Roque
El ascenso al Alto de San Roque
La jornada es en descenso general, pero antes toca subir al Alto de San Roque, a 1.270 metros sobre el nivel del mar, y luego bajar. Allí arriba siempre me impresiona la estatua del peregrino inclinándose contra el viento, obra de José María Acuña. Es un recordatorio de cómo, desde hace siglos, este paso ha sido un lugar duro para quienes caminaban hacia Compostela.

El Alto do Poio y su guardián peludo
La siguiente subida, al Alto do Poio, a 1.150 metros, es la realmente dura. En lo alto, un perro Kangal se dejaba querer por los peregrinos que llegaban. Y desde ahí, sí, todo cuesta abajo.

Foto de alto de San Andrés
Foto de alguno de nosotros con perro
Hay quien asocia la cuesta arriba con lo malo y la cuesta abajo con lo bueno. Pero mis compañeros Joaquín y Pedro que llevan algún dedo del pie deteriorado, tal vez preferirían subir a bajar.
Fonfría, paisajes verdes y despedidas
Hacemos una parada en Fonfría: queso fresco con miel y cerveza.
Esta etapa y la anterior compiten en paisajes. Los diferentes tonos del verde y las nubes bajas producen unos efectos que invitan a hacer fotos sin parar. No es casualidad: esta zona de Galicia siempre ha sido conocida por sus brañas y pastos húmedos, donde los antiguos ganaderos maragatos y gallegos se cruzaban desde hace siglos.
Fotos paisaje
Hoy ha sido día de despedidas: un grupito de italianos con los que nos saludábamos todos los días, la maña que conocimos en Astorga… Todos continúan hasta Samos. Nosotros nos quedamos en Triacastela.
Llegada a Triacastela y recuerdos del pasado
Un poco antes de nuestro destino, vemos y fotografiamos para el recuerdo un castaño milenario. Un árbol enorme.
Llegamos a nuestro albergue, el Aitzenea, a las doce. Es el mismo en el que me hospedé en el viaje desde Roma. Manu, el hospitalero, ha tenido la deferencia de darnos la parte de abajo de cuatro literas.
Triacastela siempre me hace pensar en su nombre: “tres castillos”. Aunque ya no quedan, en la Edad Media se levantaban aquí tres fortalezas que protegían el paso de peregrinos y comerciantes. Hoy solo queda el eco del nombre, pero caminar por sus calles aún transmite esa sensación de cruce histórico.
La comida, en el Xacobeo ha sido espectacular, como dice habitualmente Pedro.
Yo sigo enviando fotos de lo que como a la nutricionista; espero que no se enfade mucho. Según el reloj maravilloso de José Antonio, quemamos todos los días más de dos mil calorías.
Por la tarde compramos para hacernos una ensalada para cenar.
Tarde de calma, lluvia y Damas Chinas
En el exterior, el tiempo se ha estropeado: viento y lluvia. Tarde de calma en el albergue. Manu nos enseña a jugar a las Damas Chinas, y Pedro y Joaquín se atreven con una partida.

Dentro de poco haremos esa ensalada, cenaremos y nos iremos a la cama. Poquito que hacer.
Mañana llegaremos a Sarria
Hasta mañana
Precio aprox.
Comodidad / Valoración
Extras