De Ponferrada a Villafranca del Bierzo
La crónica de hoy la empiezo a escribir a las tres de la mañana. No puedo dormir y aprovecho el tiempo. Mañana me dormiré caminando.
Hay facetas del camino, más intimistas, que omito en las crónicas normales. Me refiero, en este caso, a nuestras relaciones como compañeros en un mismo proyecto: el Camino de Santiago.
El caminar juntos, unas veces con uno, otras con otro, hace que, a través de nuestras conversaciones, vayamos conociéndonos cada vez mejor. Me han tocado unos compañeros estupendos: solidarios, simpáticos, dicharacheros…
Ayer, Joaquín, mientras salíamos de Foncebadón, se arrancó con una jota. La copla no estaba nada mal:
A las siete la mañana
Salgo de Foncebadón,
Somos cuatro peregrinos
Jubilados de Aragón.
A Joaquín le está gustando la experiencia; posiblemente repita camino.
Con José Antonio recuerdo caminos anteriores; tiene que frenar su marcha para que podamos ir juntos. Es el que más rápido va.
A Pedro le encantan las cosas que le cuento sobre el camino. Le gusta el camino como experiencia, aunque quizá no tanto como para repetirla.
Ayer pasamos un buen rato mirando e identificando plantas: la lavándula, de un azul más intenso que la lavanda; la retama, tan cargada de flores que por momentos nos hacía dudar; la jara, con sus cinco pétalos grandes y delicados.
También, gracias a él, hemos aprendido a localizar los brotes tiernos del hinojo, que se pueden comer.
Rumbo a Cacabelos: entre dudas y calor
Hoy ha sido José Antonio quien ha tenido que venir a buscarnos. Hemos “tonteado” un poco hasta encontrar el camino, pero una vez enfilados ya no ha habido problemas.
Tomamos la decisión de no parar hasta Cacabelos, y hasta llegar allí hemos ido cruzando pueblos: Columbrianos, Camponaraya,… y senderos sin demasiada historia, saludando a peregrinos conocidos: nos adelantan, los adelantamos… “buen camino” por aquí, “buen camino” por allá.
En Cacabelos, parada técnica y medio bocata en el barcito del mercadillo. Esta villa berciana, atravesada por el río Cúa, ha sido desde la Edad Media lugar de paso obligado para peregrinos, con hospitales históricos que daban acogida a quienes hacían el Camino Francés.
Al final, no nos ha parecido tan buen camino el de hoy; tal vez por el cansancio acumulado. Esperábamos un terreno más llano, pero han salido 300 metros de ascenso y 385 de bajada. No ha llovido, ni siquiera estaba nublado, y el sol no facilitaba la andada.
Llegada a Villafranca y el incidente de la mochila
Nada más entrar en Villafranca, vemos la Iglesia de Santiago, con la Puerta de Perdón.
Esta puerta que se abre los Años Jacobeos, permite a peregrinos enfermos que no pueden llegar a Santiago obtener la indulgencia plenaria al cruzarla, confesar, comulgar y rezar por el Papa; por eso se conoce Villafranca como la «Pequeña Compostela».
Nuestro albergue de hoy se llama Hostel el Campano. Muy amables. Han gestionado un problema con rapidez y eficacia.
Al llegar, mi mochila no estaba. Normalmente siempre me espera. La señora de recepción recordaba haber visto una mochila azul, con cintas rojas. Pero no aparecía.
Revisaron las cámaras de seguridad y se aclaró todo: la mochila había llegado, pero el repartidor de otra compañía, que venía a recoger las suyas, se llevó todas… hasta O Cebreiro.
Al regreso de la comida, ya tenía mi mochila en la puerta de la habitación. Final feliz.
Evaluación de daños y paseo por Villafranca.
Después de la ducha, tocó evaluación de daños.
Joaquín tiene un dedo del pie que necesita cuidados; mañana lo envolverá “de regalo”.
Pedro lleva cargados los gemelos; le recomendamos estiramientos al llegar.
José Antonio está como una rosa: no le duele nada, y si le duele, no se queja.
Y yo… pues dolores varios: lumbares, una costilla flotante del lado derecho y agujetas en general. Pedro me da un masaje con crema de tigre que se agradece más de lo que digo.
Por la tarde damos una pequeña vuelta por Villafranca del Bierzo. Visitamos el interior de la colegiata de Santa María del Cluniaco, ese templo ligado a la tradición jacobea.
Alguna foto, un pequeño picoteo y al albergue. A las nueve y media ya estábamos recogidos.
Mirando a Galicia: próxima etapa a O Cebreiro.
La etapa de mañana nos llevará a O Cebreiro, ya en Galicia. Serán 28 kilómetros, con una subida fuerte en los últimos. Una de esas jornadas que ponen a cada uno en su sitio.
Hasta mañana.
Precio aprox.
Comodidad / Valoración
Extras