Ayer, mientras escribía la crónica del día, me di cuenta de que mis caminos ya no tienen nada de épicos. Ya no busco las grandes gestas, ya no cargo con la mochila pesada, evito los albergues tradicionales y prefiero, sin dudarlo, la comodidad de una cama frente a la estrechez de las literas. Me he vuelto muy fino, o quizás, simplemente más sabio.
Por un momento pensé en abandonar y dejar de escribir. No es tarea fácil llegar cansado y ponerse a luchar con la interfaz de WordPress, subir las fotos y tratar de hilar los recuerdos de lo que ha pasado durante la jornada. Sin embargo, decidí que no lo hago para nadie más que para mí. Sé que algún día, estas palabras me ayudarán a recordar y podré vivir de nuevo, a través de la lectura, «Mis Caminos».
Así que sigo adelante; sigo escribiendo mis vivencias en este Camino de Santiago desde León, que es tan mío como de quien lo lee.
El inicio de la jornada
Las siete de la mañana nos han dado en la calle. Lo primero ha sido dejar mi mochila en el hotel del Barrio Húmedo para que la recojan los de Paqmochila.
Salir de León tiene ese toque místico de las ciudades que despiertan; hemos cruzado el corazón de la antigua Legio VI Victrix romana, sintiendo el peso de los siglos bajo las botas antes de que el sol empezara a calentar de verdad.
José Antonio ya nos esperaba en la Plaza de la Catedral y allí mismo hemos comenzado nuestra primera etapa.
Los dos nuevos peregrinos, Joaquín y Pedro, van mejorando poco a poco en esa asignatura vital que es la «detección y seguimiento de las flechas amarillas». Al final de la etapa, ya no se les escapaba ni una.
Paradas estratégicas y «protocolo peregrino»
Hemos hecho dos paradas. La primera, cerca de León, aunque nada más terminar los churros nos dimos cuenta de que nos sobraba tanto el descanso como la fritura.
La segunda fue a mitad del trayecto, en San Miguel del Camino, concretamente en el bar El Oasis, donde han caído unos pinchos de tortilla que nos han devuelto la vida.
Aprovechamos cada oportunidad para hacernos fotografías. Cualquier reclamo turístico o monumental es motivo suficiente para detener el tiempo.
Es curioso pensar que, al pasar por estas tierras de la meseta, caminamos por la misma senda donde los antiguos peregrinos buscaban protección en los hospitales de la Orden de San Juan.
Los últimos doce kilómetros los hemos hecho ya de un tirón. A las 13:30 h ya estábamos en nuestro destino: el albergue Santa Ana, en San Martín del Camino.
Descanso en San Martín del Camino
Esta vez la suerte (y la previsión) ha estado de nuestro lado. Tenemos una habitación de tres camas, amplia, luminosa y con baño privado, en el Albergue Santa Ana. Por 25 € cada uno, me parece una opción excelente para recuperar fuerzas.
Al llegar, ya estaba alli mi mochila, tan fresca, se nota que ha venido en furgoneta y no andando como yo.
Una vez instalados, hemos puesto en marcha el infalible «protocolo peregrino»: ducha, lavado de ropa y puesta a secar al sol.
También hemos comido en el propio albergue. Nos han servido un menú bastante normal por 17 €; como suele decirse, cada uno cuenta la feria como le va en ella, y a mi parecer, se han pasado un poco con el precio para lo que era.
Por la tarde, visita a San Martín del Camino. Casi se tarda más en escribirlo que en hacer la visita. La torre del agua, visible desde cuatro kilómetros antes de llegar, un cruceiro, varios albergues, dos o tres bares y la iglesia de San Martín de Torres.
Cena de tapas, menos espléndidas que las de ayer en León, en dos de los bares abiertos, por eso de mover la economía.
Y damos por finalizado el día poco después de las diez de la noche.
Mañana vamos a Astorga, será una etapa más dura que la de hoy, pero vamos fuertes e ilusionados.
Hasta mañana 😘
Tel: 654 381 646
Email: martinez_sonia@hotmail.com
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