Arriba a las seis, a las siete menos cuarto, ya desayunados y en camino. Todavía no ha amanecido.
No hemos sido los únicos a esa hora, el llegar hoy a Santiago y llegar pronto, ha sido la idea de muchos otros peregrinos.
Pasamos por Iria Flavia. Iglesia y cementerio en oscuridad. No sé si será en éste en el que está la tumba de Cela.
El camino de hoy, salvo los ratos por carretera, también ha tenido su encanto. Pero ha primado más el querer llegar que disfrutar de él. Ya sé que no debería de ser así.
Santuario de Nuestra Señora de la Esclavitud
Hemos hecho dos paradas técnicas, si se puede llamar así a tomarnos sendas cervezas. Técnicas o no, hay que parar de vez en cuando.
Santiago de Compostela
Aunque amenazaba lluvia, no nos ha llovido en ningún momento de nuestro camino. Hemos tenido mucha suerte en eso. Siempre que ha llovido ha sido después de llegar o cuando ya estábamos a cubierto.
A la una menos cuarto ya habíamos recogido la Compostela. Había fila que llegaba hasta la calle, pero el haberla solicitado on line nos ha echo pasar muy rápido.
En la Oficina del Peregrino
La señora que me la ha dado hablaba bien el inglés y mal el castellano. A mí se me había acabado la pila del audífono. Le he dicho por señas que ni oía ni podía hablar. Me ha tratado muy bien.
Una vez recuperada la voz, hemos ido a la iglesia de San Francisco a por la Franciscana. Había misa y después boda. Este año no ha podido ser.
Iglesia de San Francisco
Y después lo típico, fotos en la plaza. Lo de visitar al santo tampoco ha podido ser. Lo dejamos para el próximo camino.
Además, las cosas ya no son como eran. Recuerdo con nostalgia lo del santo de las croques, el poner la mano en aquella piedra, incluso la foto abrazando al Apóstol.
Hoy nada de eso puede hacerse.
Poco duró el sol. Al rato se desató una buena tormenta que nos hizo refugiarnos en los porches de la Oficina de Correos.
Después de comer, llegó nuestro amigo Jesús, que nos rescató de la lluvia y nos llevó a su casa de Cambados.
Y con esto damos por finalizado este corto camino portugués por la variante espiritual.
Galería
Solo quedan dieciseis kilómetrosRecibimiento a ritmo de MuñeiraPeregrino Miguel ÁngelPeregrino CayetanoPeregrino AntonioPerfecta curvatura. Bóveda de arista.Patio de la Universidad de Fonseca
Hoy no ha hecho falta madrugar. También los últimos en salir.
La salida previa a la calle es nuestra mejor previsión del tiempo. No hace frío, pero llueve. Y nos dice, sin ninguna duda, como vestir para el camino.
Hoy nos pide chubasquero, paraguas y protector de mochila.
En el barquito
El barquito que nos llevará a Puentecesures sale puntual, a las nueve. Llegamos los primeros, pero enseguida se llena de peregrinos.
Ocupamos babor y estribor hasta la proa y dejamos libre la popa, donde hay una «terracita» a la que, conforme perdemos el respeto, salimos a hacer fotografías.
Bateas
Al timón un barbudo capitán de barco y en su apoyo una joven ataviada con la típica ropa marinera impermeable.
El capitán, cada poco tiempo, reduce la velocidad para que disminuya el ruido del motor y nos da informaciones sobre lo que vamos viendo: Las bateas de mejillones; las islas; las localidades costeras; los numerosos cruceiros; etc.
Cruceiros
Me da igual prestar poca o mucha atención, ya sé de antemano, que cuando acabe el viaje no me acordaré de casi nada. Como así acabo de comprobar.
Lo que si hago es hacer fotos y tomar algún vídeo.
Padrón
A las diez y media ya nos deja en tierra. Cruzamos el río Ulla por el puente romano de Pontecesures y tras caminar unos tres kilómetros llegamos Padrón.
Puente romano de Pontecesures
Vamos sobrados de tiempo y de energía, hoy hemos empleado poca.
Una representación del Pedrón a la entrada de Padrón
Vemos al entrar en Padrón, el monumento a Camilo José Cela, premio Nobel de literatura 1989. Ahí está con sus huevazos.
Camilo José Cela
En el lado contrario del paseo, Doña Rosalía de Castro. Referente de la cultura gallega. En Padrón paso sus últimos años y tiene aquí una casa museo.
Rosalía de Castro
Visitamos la iglesia de Santiago, donde está el famoso Pedrón. Se supone que en esa piedra, los discípulos de Santiago, amarraron la barca, también de piedra, en la que traían su cuerpo. Mucho suponer me parece.
Iglesia de SantiagoEl famoso Pedrón bajo el altar mayorDos peregrinos
En oficina de Información y Turismo hemos solicitado la Pedronía, que es otro papelico, del tipo de la Compostela, que se da aquí, en Padrón. Hasta hace poco, era gratis. Ahora ya cobran dos euritos. ¡Al peregrino de paso, cañazo!
PedroníaMonumento A Sementeira
Buscamos un lugar para comer, de menú, si es posible. Tarea difícil. Todos van a la carta. A la carta más alta. Pero insistiendo hemos dado con un restaurante con menú asequible. El Restaurante El Grilo (El Grillo).
Estamos hospedados en el albergue A Parada do Camiño. Para mí, el peor de los que hemos estado. Ya pongo, que para mí.
La litera de abajo (arriba ni me lo planteo), está a quince centímetros del suelo. Va a ser un suplicio levantarse para ir al WC por la noche.
He cenado un bocadillo de embutido con un Albariño.
Mañana la última etapa. La más larga aunque no la más dura. Llegaremos a Santiago. Habrá que madrugar más que estos días pasados. Pero acostándonos a las horas que solemos hacerlo, no tendremos problemas de sueño.
El hecho de que Armenteira esté en alto y la ría de Arousa a nivel del mar, nos ha hecho suponer que la etapa de hoy sería de suave bajada. Y así ha sido.
Nos hemos levantado, de forma premeditada, los últimos de nuestra habitación. Hemos podido prepararnos bien sin molestias ni apreturas.
Como siempre, antes de empezar, salida a la puerta del albergue a ver el tiempo que hace. Perfecto, no hace frío y el cielo está despejado.
No llevábamos andados ni trescientos metros, cuando me tengo que replantear lo de la etapa más bonita del camino. Después de haberlo hecho, creo firmemente, que es ésta.
Discurre al lado del río Armenteira y no soy capaz de describirla con palabras. Prefiero poner algunas fotos y deciros «venir a andar por aqui».
La Ruta de la Piedra y el Agua es un sendero de unos ocho kilómetros, caminos de tierra, bosque de ribera y elementos de granito cubiertos de musgo.
Puente sobre el río Umia
Al final de este bonito paseo, en un lugar estratégico, un barcito donde complementar con unos pinchos de tortilla el precario café con leche de la máquina del albergue.
Río Umia
Después el camino acompaña al caudaloso río Umia durante un buen tramo.
Vilanova de Arousa
La entrada a Vilanova se realiza por la larga pasarela peatonal de O’Terrón.
Pasarela O Terrón
El albergue de hoy se llama A Corticela. Llegamos los primeros. Hay que tener en cuenta, que la Variante Espiritual, no es el camino elegido por la mayoría de los peregrinos que hacen el Camino Portugués. Muchos, de Pontevedra siguieron hasta Caldas do Rei.
Estamos hospedados en el albergue A Corticela. Dos cuartos con literas de dos alturas. Un baño para mujeres y otro para hombres, una salita común con microondas, frigorífico y televisor.
A Peixeira
Hoy hemos comido en un restaurante a la orilla de la ría, el Pe de Cuba.
Por la tarde hemos lavado y secado la ropa de los tres, en una lavandería cercana y dado una vuelta por Vilanova. Es la ciudad natal de Don Ramón del Valle-Inclán y tiene aquí, en la casa en la que nació, un Museo.
Una Estrella de Galicia con puñado de cacahuetes, ha sido nuestra cena.
Mañana, será un día descanso. Nos llevan en barca hasta Padrón.
Hoy, en el hotel Alda, teníamos preparado un buen desayuno. Casi nos vamos sin probarlo, pero el amigo Tano, que ha bajado por las escaleras en vez de en ascensor, se ha dado cuenta y nos ha avisado.
La etapa de hoy ha sido de diseño. De esas en las que me salto las flechas amarillas y llegó a mi destino de una forma más eficiente.
Además para su cálculo cuento ahora con una gran ayuda: la inteligencia artificial. Si, hasta para eso sirve.
Le pedí una ruta que acortara el camino y evitara carreteras que pudieran ser peligrosas, como la PO-308.
Saliendo de Pontevedra
Me hizo un track paralelo a la costa que nos ponía en Combarro en siete kilómetros.
Hemos pasado por el Monasterio del Poio. No lo hemos podido visitar por llegar demasiado pronto. Hasta las diez no era visitable. Pero no se ha librado de unas cuantas fotos.
Combarro
Al fondo Combarro
En Combarro, paradita para consultar las Estrellas y para fotografiar la ría y los famosos hórreos.
Uno de los muchos hórreos de Combarro
Desde Combarro hasta Armenteira, subida no muy fuerte hasta los doscientos sesenta metros de altitud.
Armenteira
Gracias a la reducción de kilometraje conseguida, hemos podido llegar al albergue San Ero antes de que empezara la lluvia.
Para ir a comer, ha habido que protegerse bien para el agua, chubasquero y paraguas.
Comemos en el Café – Bar A Fonte. Bien. Como no paraba de llover hemos estado allí, alargando la sobremesa casi tres horas. Gran paciencia la del dueño.
En ese tiempo, y a pesar de la fuerte lluvia, aún me he atrevido a acercarme al Monasterio de A Armenteira.
Claustro
He podido visitar la iglesia, el Claustro y nada más. A las siete de la tarde dan la bendición a los peregrinos. Yo ya me he mojado mucho en mi primera visita y no volveré. Me doy por bendecido.
Altar mayor. Monasterio de Armenteira
Bendición del peregrino
Que la luz y el amor de Dios bendigan y dirijan tus pasos.
Que los caminos se abran a tu encuentro.
Que abras tu corazón al silencio y guardes con gratitud el recuerdo bello de las cosas buenas.
Que Dios te lleve de su mano hasta los brazos de Santiago.
Y vuelvas a tu casa lleno de luz y de alegría.
El albergue está muy bien, sin apreturas y con todos los servicios que se pueden pedir. Es necesario el saco de dormir. Solo llevamos el saco sábana, ese de seda, finito.
Nos alquilan mantas a dos euros.
Nuestro albergue de hoy
Pues aunque esté bien, el albergue me resulta incómodo. Para próximos caminos «albergue» desaparecerá de mis opciones. Me he vuelto muy fino.
Mañana vamos a ir a Vilanova de Arousa, donde para más inri nos volveremos a hospedar en un albergue. No aprendemos.
A las seis y cuarto de la mañana se recuperaba en fluido eléctrico en Redondela. Según me he enterado, mucho más tarde que en otros lugares del país.
Santa Mariña, saliendo de Redondela
Por fin hemos podido cargar los móviles, ya agonizantes, y ponernos en contacto con la familia. Y hacernos unos cafés con leche con el microondas del apartamento, que hasta hacía poco lo teníamos de simple decoración.
Al poco rato de salir del núcleo urbano de Redondela, empieza uno de los caminos más bonitos que recuerdo, y recuerdo muchos. Bosques de eucaliptos, suelos de piedra, tierra y barro, vistas sobre la ría de Vigo.
Cruce del Ponte Sanpaio, donde se libró una batalla contra el ejercito de Napoleón en el 1809. Por cierto, les ganamos.
Ponte San Paio«A Virxe da Barca di que non quere ser francesa.»
La entrada a Pontevedra acompañando al río Tomeza, por el camino alternativo, también genial.
Semejantes paisajes, tienen un precio. Cuestas interminables con elevada inclinación, ora hacia arriba, ora hacia abajo, en las que más de una vez he tenido que parar para recuperar el aliento.
Foto desde el puente
En el recorrido hemos hecho dos paradas, una en Arcade y otra en unos de los muchos puestos que los lugareños montan en la linde del camino para hacer su negocio.
Hoy había de todo: niños vendiendo botellines de agua; baratijas típicas del camino; un guitarrista que con su guitarra eléctrica simulaba sonidos de gaita; un gaitero que no tenía que simular nada; bebidas; frutas; vieiras; todo muy peregrino y mucho peregrino.
Cayetano y su bordón de diseño, y Miguel sujetando el muro.
Pontevedra
Un poco antes de entrar en Pontevedra, he buscado, en Google, cómo no, «menú peregrino en Pontevedra» y nos ha recomendado el restaurante Rincón Peregrino. Lugar cien por cien recomendable. Hemos comido muy, muy bien.
Estamos hospedados en el hotel Alda Centro. Han tardado lo indecible en preparar nuestra habitación, y cuando han dado la llave a otra pareja que había venido mucho más tarde, he saltado. Hacía mucho que no discutía y me he quedado muy descansado. Cinco minutos más y ya estábamos en la habitación.
Por la tarde hemos salido a ver la ciudad. Foto por aquí, foto por allá.
Virgen Peregrina, patrona del Camino Portugués.
Hemos estado en la iglesia, en forma de vieira de la Virgen Peregrina, donde nos hemos enterado que es la patrona del Camino de Santiago Portugués.
Fuente de los niñosHaciendo amistades
Con unas piezas de fruta, hemos improvisado nuestra cena. Y a la cama como buenos chicos.
Mañana iremos a Armenteira, y nos hospedaremos en su Albergue.
Tras desayunar en O Porriño, comenzamos nuestra etapa.
Ya quedan menos de 100 km.
Por resumirla mucho, puedo decir: dos cuartos de etapa, por un polígono industrial larguísimo. Llano y cemento. Otro cuarto de etapa cuesta arriba, dura, muy dura y el cuarto cuarto, cuesta abajo, muy pendiente, también un suplicio para rodillas.
Nos asombra un poco la cantidad de peregrinos que estamos en estas fechas en este camino.
Hoy he echado en falta el bordón.
La única parada en el Concello de Mos. Con Estrella de Galicia en el Pazo de Mos, que da nombre al concello.
Pazo de Mos
Durante kilómetros hemos estado oyendo explosiones, con intervalos de quince minutos. No sabíamos que podría ser.
Redondela
No perdemos la ilusión
Llegamos a buena hora a Redondela. Nos enteramos que se celebra el «Lunes del Cristo«. Es fiesta en el lugar, establecimientos cerrados.
El gran apagón
Vamos al Bar La Farola, donde el servicio de correos nos ha dejado las mochilas. Mientras tomábamos nuestra Estrella, se ha ido la luz en el local.
En el local, en Redondela, en España y Portugal.
Se ha ido la luz, internet, telefonía, todas las cosas tecnologícas que nos han hecho tan dependientes.
Mi habitación. ¡Esto si!
Hemos empezado a hablar del tema un poco de cachondeo y conforme hablábamos nos hemos ido dando cuenta de la gravedad de la situación.
Pazo de Vilavella. Redondela.Vilavella. Interior.
A nosotros, salvo por la comunicación con la familia, nos ha afectado relativamente poco.
Movernos con velas por el apartamento y no poder utilizar sus electrodomésticos, creo que han sido los mayores problemas. Eso y la incertidumbre.
Las cervezas seguían saliendo frías.
Hemos salido un ratito a ver la parada previa a la procesión. Y ya, el resto, lo hemos oído desde el apartamento Sentir Galicia. No nos hacía ninguna ilusión volver a él a oscuras.
Mañana, si la vida es enciende de nuevo, iremos a Pontevedra.
A las ocho de la mañana, ya pertrechados con la mochila pequeña —salvo Cayetano, que sigue confiando en la grande— salimos en busca de un lugar para desayunar. No hemos tenido que alejarnos mucho: muy cerca del hotel encontramos dónde hacerlo sin complicaciones.
El camino es muy bonito, con algunos momentos espectaculares y por contrapartida otros perfectamente olvidables, como los muchos kilómetros por asfalto.
Vamos conociendo peregrinos que siguen nuestro mismo itinerario. Uno de esos encuentros ha dejado una escena curiosa: mientras un peregrino nos hacía una foto, apareció de frente un grupo de ciclistas. Se detuvieron, se colocaron detrás de nosotros y, entre risas, alguno reclamó su sitio en la imagen: —¡Yo también quiero salir!
¡Yo también quiero salir!
A mitad de etapa, hemos hecho una paradita para repostar. Unas Estrellas de Galicia y sus tapas, cortesía de la casa. Sana costumbre que podían copiar los hosteleros del resto de España.
Aunque la terraza invitaba a quedarse, tocaba seguir caminando.
La foto de todos los años
O Porriño
Llegamos pronto a O Porriño. La etapa de hoy era corta: unos 18 kilómetros desde Valença. Nos alojamos en un albergue privado, Camino de Santiago: dos literas bajas y Cayetano, fiel a la tradición y sobre todo, a su amabilidad, en la de arriba.
El albergue está completo. Se oyen voces en muchos idiomas, aunque predominan el portugués y el español. Personalmente, ya no estoy para este tipo de alojamiento. Hacer la cama en un espacio reducido, compartir duchas, servicios y habitación no es lo mío. Echo de menos la intimidad.
Albergue Camino Santiago. O Porriño
Salimos a comer sin un plan fijo: una tostada con acompañamiento en un sitio, una tapa de paella en otro, café y chupito en un tercero. Camino también es eso.
Ayuntamiento de O Porriño
Regresamos un rato al albergue para reposar tan intenso esfuerzo, y después volvemos a salir. Paseo por O Porriño, helado y bocadillo de jamón. Nos damos por cenados.
O Porriño
Regreso definitivo al albergue. A las diez de la noche ya estoy pensando en acostarme.
Mañana iremos a Redondela. Otra etapa muy corta.
📅 27/04/2025 – La etapa, en números
👣 Pasos
📏 Kilómetros
Día
25.700
Día
18.00
Acum.
25.700
Acum.
18.00
Galería
A veces me siento vulnerable y entonces recuerdo al peregrino que hubo en mí no hace tantos años, capaz de recorrer etapas de 40 kilómetros con la mochila a la espalda, por un país extraño, sin cruzar palabra con nadie en mi idioma durante semanas.
Y me veo ahora, débil, fatigado en las cuestas, aunque sea el servicio de correos quien me lleve la mochila.
Pero sigo caminando. Y mientras haya camino, habrá, también, un poco de aquel peregrino.
Junto a Miguel Ángel, tomamos el AVE hasta Madrid. El viaje, como siempre en el AVE, rápido y sin historias, solo un momento de atención al pasar por Salillas de Jalón, para comprobar que todo está bien.
En Madrid, en la parada del autobús que nos llevará al aeropuerto, nos espera Cayetano, guardándonos un lugar avanzado en la larga fila.
Casi pasamos más tiempo en el autobús, camino del aeropuerto, que en el propio tren. El tráfico en Madrid sigue siendo desesperante.
Terminal 2. Llegar allí es hacer media etapa. Volamos hasta Vigo.
Los tres en el avión de Air Europa
Nos espera nuestro gran amigo Jesús, al que nunca le podremos agradecer bastante todo lo que hace por nosotros. Ha venido de propio desde Cambados para llevarnos hasta Tuy, donde tenemos reserva en el Hotel Colón.
Valença do Miño
Visitando la Ciudadela de Valença do Miño
Dejamos las mochilas en la habitación y, sin perder tiempo, Jesús nos lleva a Valença do Miño, en Portugal. Se nos ocurre que si regresamos andando desde Valença, de una forma muy sencilla, solo con tres kilómetros convertimos un camino local en un camino internacional.
Ciudadela de Valença do Miño
Ya sin Jesús, que tiene que regresar a Santiago, visitamos la Fortaleza de Valença do Miño. Está como la recordaba, con sus toallas de playa y sus pañitos de cocina.
En la Oficina de Información y Turismo, conseguimos nuestro primer sello.
Empieza el camino
Y por allí también, hacemos las primeras fotos con esa emoción que dan todos los principios.
San Teotônio
Buscamos las señales del Camino y damos comienzo a nuestra caminata. Cruzamos el río Miño, frontera natural entre España y Portugal, por el impresionante puente internacional de Tuy.
Puente Internacional de Tuy
Cayetano y Miguel, de puente.
Tuy
En la subida hacia la Catedral de Tuy, el empedrado y las casas de piedra nos recuerdan que estamos pisando historia. Aunque visitarla ha sido imposible, su presencia imponente y el sello en la credencial marcan el verdadero inicio: ahora sí, el Camino ha comenzado.
Catedral de Tuy
Tuy está de fiestas y encontrar un sitio para cenar no resulta nada fácil. Después de dar unas cuantas vueltas, conseguimos un lugar donde sirven platos combinados. Al verlos caímos en la cuenta de que estábamos en Galicia. Aquí la gastronomía es de otro mundo.
Ya cenados, nos vamos al hotel sin más historias. Mañana toca llegar a O Porriño, y eso, aunque corto, hay que hacerlo andando.
Cayetano AlonsoMiguel Ángel BlascoJesús RodriguezPrimer selloCuatro amigosPuente internacional de TuyRío MiñoSan TeotônioPórtico de la Catedral de Tuy
Abandonamos Ponte da Ulla con una subida exigente hasta Outeiro, uno de esos repechos finales que el Camino parece reservar como despedida. Después, casi como un regalo anticipado por la cercanía de Santiago, el trazado se vuelve más amable y mayoritariamente descendente, dejando que el cuerpo avance solo y que la cabeza empiece ya a llegar antes que los pies.
Resumen de la etapa
Ponte Ulla–Santiago de Compostela
21,2 km
Distancia
+470m / −170m
Desnivel
08:30 h
Salida
14:00 h
Llegada
5 h 30 min
Tiempo
⚠ Dificultad: media
Río Ulla
Caminamos entre bosques atlánticos y zonas rurales, con casas diseminadas y huertas que recuerdan que aquí el Camino no es solo tránsito, sino vida cotidiana. Este tramo coincide en parte con antiguas vías de comunicación hacia Compostela, utilizadas durante siglos por peregrinos que, como nosotros, sabían que la meta estaba próxima.
¡Qué pinta de leñador!
Hicimos una parada en el bar La Reina Lupa, nombre cargado de simbolismo jacobeo. La figura legendaria de la Reina Lupa, señora pagana de estas tierras, forma parte del relato fundacional del Camino, cuando —según la tradición— intentó impedir el enterramiento del Apóstol y acabó rindiéndose ante su mensaje. Allí tomamos un café reconfortante; el día estaba fresco y el descanso sirvió tanto para las piernas como para hacer balance informal del Camino.
Albergue Reina Lupa.
Santiago de Compostela
La llegada a Santiago fue inmediata… y pasada por agua. Empezó a llover justo al entrar en la ciudad, como si el cielo hubiera esperado pacientemente su turno. Nada que empañara la emoción: Santiago siempre recibe como quiere, y el peregrino aprende a aceptarlo.
Otro camino, brindando por la faena.
Nuestra prioridad fue recoger la Compostela y también la Franciscana, este último detalle que me descubrió Miguel Ángel y que se obtiene en el Convento de San Francisco. Ambos documentos pasarán a formar parte de la pared del salón de mi casa, en Salillas de Jalón, junto a las Compostelas de otros Caminos, cada una con su historia, su esfuerzo y su memoria.
Mariana y Miguel Ángel.
Tras instalarnos en el hotel y disfrutar de una ducha reparadora, regresamos a la Plaza del Obradoiro para las fotos inevitables, aprovechando una tregua de la lluvia. La plaza, como siempre, era un cruce de emociones: llegadas, abrazos, silencios y miradas al fin cumplidas.
Con María Dacuña.
La tarde fue de reencuentros. Primero con Mariana, compañera peregrina desde O Castro Dozón, y después con María Dacuña, presencia constante y querida en nuestros Caminos, que vuelve a confirmar que el Camino no termina en Santiago, sino en las personas que uno vuelve a encontrar.
Universidad Fonseca
Intentamos ver al Apóstol en dos ocasiones, pero estaba ocupado: misa por aquí, misa por allá, y el día se nos fue. No pasa nada; el peregrino aprende también a no forzar los tiempos.
Con el espíritu henchido, pero sin olvidar cuidar el estómago.
Aunque al día siguiente no tocaba madrugar ni caminar —solo llegar hasta la estación—, a las diez ya estábamos en la cama. Las costumbres del peregrino pesan más que cualquier plan.
«Peregrino una vez, peregrino para siempre.»
— Desconocido
Mañana regresamos a Zaragoza, con el corazón lleno, la mochila ligera y esa sensación serena y profunda de haber completado otro Camino juntos, que ya es parte de nosotros.
24/10/2024 Silleda – Ponte da Ulla Quinta etapa de nuestro Camino.
Silleda
Nos despedimos con alegría del albergue de Silleda y de sus setenta escalones, que ya forman parte del recuerdo… y de las piernas.
Resumen de la etapa
Silleda–Ponte Ulla
21,2 km
Distancia
+250 m / − 300 m
Desnivel
08:00 h
Salida
14:15 h
Llegada
6 h 15 min
Tiempo
⚠ Dificultad: media
Seguimos disfrutando de buen tiempo. Las previsiones solo anuncian lluvias cuando ya hayamos llegado a Ponte da Ulla, así que caminamos con cierta tranquilidad.
La ruta alterna tramos por carretera con otros por el interior, como viene siendo habitual casi todos los días. Quizá por la repetición de paisajes, quizá por el cansancio acumulado, el caso es que hoy me he mostrado más reacio a sacar el móvil del bolsillo.
¡Qué fotico, eh Miguel Ángel!
Apenas he hecho fotos. Hasta las iglesias me parecen todas iguales. Aumentan los eucaliptos y van desapareciendo los castaños, señal clara de que el Camino va cambiando de carácter.
Yo también quiero una.
Aunque me río menos, la costilla sigue dando sus avisos: al hinchar los pulmones, al toser o estornudar, al acostarme y levantarme. Pero no me va a impedir llegar a Santiago, que, por cierto, ya está a tiro de piedra.
Ponte Ulla
A las dos de la tarde ya habíamos cruzado el río Ulla y llegado al Albergue O’Cruceiro da Ulla. El Ulla, frontera natural entre provincias y río histórico del Camino, marca simbólicamente la antesala de Santiago. El albergue lo recordaba perfectamente de mi Camino de la Plata, en 2018.
Buena comida, buena cena y, entre una y otra, lavado y secado de ropa, además de una buena siesta.
El Puente de Ulla
Por la tarde ha llovido, pero fuera del albergue; dentro no. Es el lugar donde hemos visto más peregrinos en todo el Camino. Han estado llegando hasta pasadas las ocho de la tarde.
«En el Camino eres un peregrino, pero si te sales de él solo eres un vagabundo.»
— Desconocido
Mañana, Santiago de Compostela, final del Camino. Se prevé un día más fresco que hoy y con lluvias. Iremos preparados.
23/10/2024 Lalín – Silleda Cuarta etapa de nuestro Camino
Sin dolor no hay gloria.
Lalín
Hemos dejado atrás el SPA Hotel y, apenas pasado el primer kilómetro, tras tantos días viendo castañas por el suelo, el castañazo ha sido inevitable. He tropezado con algo y he acabado en el suelo. De ahí no he pasado. Todo bien, salvo una costilla que protesta, eso sí, solo cuando me río.
El Camino tiene estas cosas: cuando uno empieza a confiarse, se encarga de recordarle que sigue mandando él.
Resumen de la etapa
O Castro Dozón–Silleda
21,2 km
Distancia
+470m / −170m
Desnivel
08:30 h
Salida
14:00 h
Llegada
5 h 30 min
Tiempo
⚠ Dificultad: media
La etapa de hoy ha sido corta y amable, tanto que ya no me ha dado tiempo a caerme otra vez. El Camino avanza con suavidad, sin grandes sobresaltos, como si después de los esfuerzos anteriores, que no han sido muchos, quisiera darnos una tregua.
El camino siempre sorprende.
Los kilómetros se suceden entre pistas cómodas, zonas abiertas y pequeños núcleos donde la vida cotidiana sigue su curso ajena al paso del peregrino.
A medida que nos acercamos a Silleda, se percibe una sensación de transición. No es solo un cambio de paisaje, sino también de ánimo: dejamos atrás las etapas más solitarias y empezamos a notar que Santiago está más cerca. Aparecen más referencias modernas, más movimiento, y el Camino se vuelve algo más doméstico, menos épico quizá, pero muy humano.
Silleda
Silleda, ya en la histórica Trasdeza, combina hoy ese carácter de villa tranquila con una faceta más contemporánea, ligada a la Feira Internacional de Galicia, que desde hace décadas convierte la localidad en punto de encuentro de gentes muy diversas. Para el peregrino, sin embargo, sigue siendo un buen lugar donde detenerse, descansar y recomponer fuerzas antes de afrontar jornadas más largas.
El Monumento á Muller Labrega, de Fernando Acuña, nos da la bienvenida.
El albergue, el peor hasta ahora. No pongo el nombre, que luego todo se sabe. Un cuarto piso sin ascensor, habitación pequeña y baño compartido. Tiene, eso sí, un punto a favor: una terraza acristalada, a modo de invernadero, donde resulta un placer sentarse y dejar pasar el tiempo, viendo cómo la tarde se va apagando sin prisa.
A la hora de comer tampoco hemos acertado del todo. Aun así, nos hemos metido unos orujos, para curarnos por dentro, en un velador al sol, que siempre ayuda a ver la realidad con mejores ojos.
Para cenar, un pulpo a feira y los restos del almuerzo. Galicia nunca falla del todo.
Mañana vamos a Ponte Ulla, a la pensión-restaurante O’Cruceiro. Ya estuve allí alojado con Domingo González, en mi Camino de la Plata. Buen recuerdo.
«Caminar solo te lleva rápido, caminar acompañado te lleva lejos.»
— Desconocido
La costilla, como los pimientos de Padrón: a veces duele, a veces non.
La etapa O Castro Dozón – Lalín del Camino Sanabrés ha sido la tercera jornada de nuestro Camino.
Resumen de la etapa
O Castro Dozón–Lalín
18 km
Distancia
+320 m / −280 m
Desnivel
08:30 h
Salida
13:30 h
Llegada
5 h
Tiempo
⚠ Dificultad: baja
En el albergue donde pasamos la noche solo estábamos una joven llamada Mariana, brasileña, que trabaja y vive en el Reino Unido, dos peregrinos más —que también tendrían nombre y oficio— y nosotros.
Con esos datos, adivinad con quién hemos hecho hoy el Camino. Si la respuesta es Mariana, habéis acertado.
Os presento a Mariana.
Ha sido una etapa muy agradable: por el tiempo, con el sol asomando a ratos; por el camino en sí, bonito y bastante menos duro que los dos días anteriores; y por la compañía, que ha conseguido que los kilómetros se nos hicieran de novecientos metros.
El recorrido discurre por la comarca del Deza, una tierra históricamente ligada a la ganadería y a la agricultura, donde el paisaje es fruto de siglos de trabajo paciente. Prados bien cuidados, pistas rurales y pequeños núcleos dispersos componen una Galicia tranquila, sin estridencias, en la que el Camino no parece un cuerpo extraño, sino una prolongación natural de la vida cotidiana.
No es casual que esta zona haya sido tradicionalmente un lugar de paso. Desde la Edad Media, los caminos que hoy pisan los peregrinos conectaban aldeas, ferias y monasterios, articulando un territorio donde el intercambio humano era tan importante como el comercial. Caminar hoy por aquí es hacerlo sobre una red antigua, humilde, pero profundamente viva.
El compañero está ocupado pegando la hebra. Me tengo que autofotografiar.
Lalín
Nos hemos despedido de Mariana cerca de Lalín. Ella continúa hasta Silleda; nosotros damos por concluida la jornada con un final poco habitual para peregrinos, gracias al alojamiento que había reservado Miguel Ángel: el Hotel SPA Norat Torre do Deza, un hotelito de cuatro estrellas.
Llamadnos turigrinos o lo que queráis, pero que nos quiten lo bailado. Además, los jubilados también tenemos que ser motores de la economía.
“El Camino enseña a abrazar la sencillez y a encontrar alegría en las pequeñas cosas.”
— Desconocido
Por la tarde, un masaje de piernas y pies que nos ha dejado como nuevos. Y no digamos la cena: hartos de tanto bocadillo, hemos cenado crema y callos a la gallega, como mandan los cánones. Lalín, capital del cocido, sabe cuidar al viajero, aunque esta vez el cuerpo pedía algo más suave.
Un albergue muy apañao.
Listos para afrontar mañana quince kilómetrazos hasta Silleda. Una etapa más corta, y el cuerpo —y el ánimo— lo agradecerán.
En esta etapa de Cea a O Castro Dozón por Oseira afrontamos una de las jornadas más exigentes del Camino Sanabrés…
Afrontando el camino con rasmia y alegría.
Como dije ayer, hemos elegido la variante que pasa por el Monasterio de Oseira. Mucho tramo por carretera, aunque, afortunadamente, de esas por las que pasa un coche cada diez minutos. Los pocos tramos que cruzan el bosque son tan bonitos como los de ayer: castaños y encinas, fácilmente deducibles porque íbamos pisando una auténtica alfombra de castañas y bellotas. Hoy han empezado a aparecer los eucaliptos, enormes, recordándonos que ya estamos plenamente en Galicia.
Resumen de la etapa
Cea–O Castro Dozón
33 km
Distancia
+900m / −900m
Desnivel
08:00 h
Salida
16:30 h
Llegada
8 h 30 min.
Tiempo
⚠ Dificultad: alta
Monasterio de Oseira.
El Monasterio de Santa María la Real de Oseira, conocido como el Escorial gallego, bien merece una visita. Impresionante por su tamaño, su sobriedad cisterciense y el entorno en el que se encuentra. La visita guiada estaba bien, aunque algo precipitada: la guía acababa de hablar y ya estaba apagando las luces para que saliéramos de la estancia. Aun así, merece la pena detenerse y dejar que el lugar imponga su silencio.
Monasterio de Santa María la Real de Oseira. Patio interior.Antigua farmacia del Monasterio. Más fotos en la galería del final de la página.
Hemos comprado una tableta de chocolate y, aunque pueda parecer un acto banal, tiene su importancia. En el Camino, estos pequeños gestos acaban siendo decisivos.
Todavía en el monasterio ha empezado a llover con fuerza. En los baños nos hemos preparado para afrontar la lluvia: chubasquero, paraguas… Al salir, como me ha pasado en tantas ocasiones, ya no hacía falta nada: había dejado de llover.
Tapadico, por si llueve.
Los caminos por el bosque, tras la lluvia, estaban poco menos que impracticables, o al menos incómodos. Así que hemos decidido hacer el resto del trayecto por carretera, sin forzar.
No hemos encontrado ni un solo bar en todo el camino. Menos mal que llevábamos la tableta de chocolate, que hoy ha cumplido con creces su función.
O Castro Dozón
Al ver que llegábamos tarde al albergue, hemos pedido que nos guardaran algo caliente para comer. Desde nuestra salida de Zaragoza llevábamos días a base de bocadillos, y el cuerpo empezaba a reclamar otra cosa.
Hoy hemos podido disfrutar de un caldo gallego, sencillo y reconfortante, que nos ha devuelto el ánimo.
El albergue es Casa Bubela. Tenemos una habitación muy grande, con cuatro camas. Así da gusto terminar una etapa.
Vista del cementerio de O Castro Dozón.
«El Camino te da lo que necesitas, no lo que quieres.»
— Desconocido
Mañana iremos a Lalín, una etapa más corta que estas dos primeras, y el cuerpo lo agradecerá.
Primera etapa de nuestro Camino, con salida desde Ourense, ciudad marcada desde antiguo por el agua y la piedra. Comenzar a caminar aquí siempre tiene algo de simbólico: las Burgas, los puentes romanos y medievales, el Miño acompañando en silencio… un lugar donde el pasado sigue muy presente y que invita, casi sin darse cuenta, a ponerse en marcha. Es aquí donde arranca de verdad el Camino Sanabrés: la mítica subida de Ourense a Cea que hoy nos ocupa.
Resumen de la etapa
Ourense–Cea
22,5 km
Distancia
+600 m / −250 m
Desnivel
08:30 h
Salida
14:30 h
Llegada
6 h
Tiempo
⚠ Dificultad: media
Puente sobre el río Miño, saliendo de Ourense.El Miño. Impresionante.
La etapa es dura en su primera mitad, especialmente por las cuestas iniciales, pero para mí ha resultado muy gratificante. He notado claramente la mejora desde el último Camino, el Inglés, que hice en abril. He subido con alegría, sin necesidad de parar, y aún me quedaba fuelle para hablar, silbar (mal) y cantar (peor). Sensaciones muy buenas en este inicio.
A pie de camino.
Hemos pasado por Tallamancos, siguiendo el mismo recorrido que hice hace seis años cuando realicé el Camino de la Plata desde Sevilla. Volver a pisar estos lugares tiene siempre algo de reencuentro, de recuerdos que se activan al ritmo de los pasos.
Precioso camino.
La mayor parte del trayecto discurre por caminos verdaderamente hermosos, bajo castaños y encinas, rodeados de un verde intenso y cambiante, con todas sus tonalidades. Galicia en estado puro, de esas que reconcilian con el caminar pausado.
Gente rara, en A Bouzas, pero muy amable. Nos desean Buen Camino.
San Cristobal de Cea
El tiempo nos ha acompañado: nublado, pero sin lluvia, ideal para andar sin agobios ni excesos de calor.
Torre del Reloj en San Cristovo de Cea
Por la tarde hemos tenido una visita muy especial. Nuestro buen amigo Jesús Rodríguez Quindós no ha dudado en recorrer 280 kilómetros para pasar un rato con nosotros. Un gesto que dice mucho de la amistad y que da aún más sentido a este Camino compartido.
Con Jesús Rodríguez, gran amigo.
En cuanto al alojamiento, Miguel Ángel se ha esmerado, como siempre, en buscar sitios de calidad. Nos hospedamos en A Quinta de Cea, junto al restaurante A Casa dos Caretas, en una localidad que es referencia obligada del Camino Sanabrés. Cea es conocida, sobre todo, por su pan con denominación de origen, elaborado en hornos tradicionales y con una historia ligada desde hace siglos al paso de peregrinos. No es casualidad que aquí el Camino tenga sabor propio.
“El Camino no es solo un camino; es un viaje del alma.”
— Desconocido
Mañana afrontaremos la etapa Cea – Dozón, pero por la variante que conduce al Monasterio de Oseira, lo que alarga el recorrido en unos diez kilómetros. Si es posible, haremos una visita guiada al monasterio, una joya del románico cisterciense gallego, conocido como “el Escorial gallego”, que bien merece el esfuerzo añadido.
Según el pronóstico, mañana nos acompañará la lluvia durante toda la etapa. Forma parte del Camino… y también de Galicia.
Hoy, sábado, mi amigo Miguel Ángel y yo hemos llegado a Ourense, punto de partida de la parte final del Camino Sanabrés. El viaje desde Zaragoza ha sido tranquilo, con tiempo suficiente para descansar y recordar que cada Camino empieza mucho antes de dar el primer paso a pie: en nuestro caso, entre maletas, mapas, cafés y conversaciones sobre etapas, alojamientos y recuerdos de Caminos anteriores.
San Martín, compartiendo su capa.
Al llegar, nos hemos sumergido en el casco histórico de Ourense, una ciudad que mezcla con gracia el ambiente moderno con el sabor de siglos pasados. Calles estrechas, plazas acogedoras, bares donde se respira el pulso de la ciudad y rincones que invitan a sentarse un momento y contemplar la vida pasar.
Y cómo no, la Catedral de San Martiño, majestuosa y serena, patrón de Ourense y también de Salillas de Jalón, entre otras localidades. Un edificio que, con sus siglos de historia, recuerda que los caminos que emprendemos no son solo físicos, sino también culturales y espirituales: siglos de peregrinos han pasado por sus puertas, y nosotros somos parte de esa continuidad.
Retablo de la Catedral de Ourense.
Pasear por Ourense es comprender que el Camino no empieza únicamente al poner un pie en la senda; empieza en cada ciudad que se atraviesa, en cada conversación, en cada parada para mirar un detalle del patrimonio o simplemente para contemplar el río Miño fluyendo lentamente. Y en Ourense, entre puentes, plazas y termas, se siente esa conexión con la historia y con los peregrinos que nos han precedido.
Ourense. Plaza del Ayuntamiento.
Mañana, domingo, iniciamos oficialmente la etapa Ourense – Cea. Se prevé un día fresco, nublado y con posibilidad de chubascos, lo que nos recuerda, una vez más, que el Camino siempre trae algo de incertidumbre y aventura, y que cada paso es, en realidad, una lección de paciencia y disfrute.
El amigo Miguel Ángel, distrutando de esa paciencia y disfrute.
Esta noche tampoco estoy durmiendo bien. Son las dos de la madrugada cuando escribo esto. No se si será por cerrar el ciclo tal como lo empecé, porque el pulpo de la comida del medio día juguetea en mi estómago o porque el café descafeinado no era tan descafeinado. Así que recurro a esto de escribir hasta que se me acabe la bateria interna y me quede frito. Tengo todos los días incompletos, y con falta de fotos.
Despertador a las seis y media. Queremos llegar a la estación con suficiente tiempo para no hacer nervios.
De corazón a corazón, hay un camino
A las siete y cuarto, sin desayunar, ya estamos en la estación. Nuestro tren, con destino a Madrid, saldrá a las 7:45.
Llegando a la estación
Pasamos el control de equipajes, hasta este viaje nunca me había sido necesario el pasarlo. Han cambiado muchas cosas.
Un selfie antes de embarcar
El viaje hasta Madrid resulta largo. Arrastramos cansancio y vamos los tres adormilados a ratos, a ratos mirando el móvil.
Actualizando el blog cuando hay cobertura
A mis soledades voy de mis soledades vengo porque para andar conmigo me bastan mis pensamientos
Romance de El solitario. Félix Lope de Vega y Carpio
Llegamos a Madrid con una hora de retraso. Casi no nos da tiempo de despedirnos de Cayetano, él se queda en Chamartín. El tiempo que teníamos para llegar a Atocha desde Chamartín, y tomar algo allí para deshacer el ayuno, se ha reducido notablemente.
Aún así hemos podido comernos un bocadillo de los de aquí, pequeño y caro.
La puntilla ha sido que el Iryo ha salido con media hora de retraso. Este tren no tiene en su oferta pagar nada si llega tarde y tienen preferencia los AVE’s.
Una cosa que nos choca y hay que tener en cuenta es que los asientos miran hacia Madrid. Es decir, vamos sentados de espaldas a la dirección de la marcha. Hay personas que seguro se marean.
Yo sigo con la matraca esta de escribir el blog y, a ratos, mirar por la ventanilla.
Adormecido, solo espabilo cuando falta poco para llegar a Salillas de Jalón.
Una cinta si tu piensas en mí
Apenas me bajo del recuerdo, ya hay que bajarse de tren en la Estación Delicias.
Alli nos espera Marina, la señora de Miguel Ángel. Me dejan, con su coche, en la puerta de mi casa.
La llegada
Y aquí se acaba la historia de este cortito Camino de Santiago. Como siempre, gratificante y lleno de vivencias.
Mi agradecimiento a mis compañeros Cayetano que me ha ayudado muchísimo y, sobre todo, a Miguel Ángel que ha organizado el viaje y su logística mejor que una agencia de turismo.
También a Jesús Rodríguez por venir, de propio, como decimos los maños, a estar con nosotros y por el estupendo obsequio que nos hizo.
Gracias también a Demetrio Sánchez por nuestro encuentro en Madrid. Y a María Dacuña y Guilherme Ribeiro por venir a recibirnos a nuestra llegada a Santiago.
Hoy hemos madrugado un poco más porque queríamos entrar pronto en Santiago.
El desayuno ha sido en el Restaurante Cortés, abierto desde las siete de la mañana. Lo conocimos ayer en nuestra vuelta de inspección de Sigüeiro.
A los pocos kilómetros nos encontramos con estas amigas. No perdemos la oportunidad de hacernos fotos. Me imagino que será raro el peregrino que no la haga. Todos buscamos cosas como estas para recordar.
En el camino se hacen amigos
Cárceles y caminos, hacen amigos
Nos volvemos a encontrar con los peregrinos portugueses del incidente del pantalón. Tal vez no volvamos a vernos y decidimos hacernos unas fotos juntos e intercambiar números de teléfono.
Bienaventurado eres, peregrino, si lo que más te preocupa no es llegar, sino llegar con los otros
El camino hasta Santiago es corto, no llega a dieciséis kilómetros. Los diez primeros son realmente bonitos, sobre todo lo que llaman el Bosque Encantado.
Bienaventurado eres, peregrino, si descubres que el camino te abre los ojos a lo que no se ve
Llegamos al Bosque EncantadoUn poquito acelerados 😀
Hacemos una parada en La Posada del Peregrino, porque el nivel de Estrella de Galicia estaba bajando por momentos. También hay un motivo «fotografíable».
Perfecto encaje de CayetanoMe gustó y le saqué una foto. A la entrada de Santiago
Nuestro amigo Jesús, peregrino con el que terminé el Camino Roma – Santiago, ha pedido un día de permiso en su trabajo y nos espera a cinco kilómetros de la Catedral.
Jesús nos ha hecho un obsequio impresionante
¡Espectacular!Con Jesús
Juntos, los cuatro, hacemos la entrada en la Plaza del Obradoiro. Llevamos puestas unas camisetas que hemos decorado con nuestras fotos y la leyenda Camino Inglés, 2024.
El motivo de las camisetas
La entrada en la Plaza, aunque por diferentes calles que otros caminos, llega también al arco donde se pone el gaitero a recibir a los peregrinos.
Esta vez, era gaitera y debía estar en el cambio de turno porque estaba recogiendo y no nos ha tocado la gaita.
Perooo, como hemos dado tantas vueltas por Santiago. En una de ellas lo he podido grabar. Nunca he sabido si toca una melodía determinada o aprovecha la afinación del instrumento para tocar lo que le viene en gana. Voto por la dos.
En la Plaza del Obradoiro nos esperaba María Dacuña, eterna peregrina de mil caminos. La conocí en Ourense cuando hice el camino de la Plata.
No estamos gordos, es que las camisetas nos vienen justas 😂
Estaba con ella un chico joven, cuya cara me sonaba. Y tanto, era Guilherme Ribeiro, peregrino y hospitalero. Hace años me entrevistó para hacer un trabajo de investigación.
Con Guilherme Ribeiro
Aunque ya tenemos muchas, recoger la Compostela, es algo que sigue haciendo ilusión y no puede faltar. Ahora, con la solicitud online, no hay que esperar apenas. Una vez comprobados los datos, ya sale impresa.
Mi CompostelaOficina del Peregrino
De nuevo en la Plaza, fotos sin parar, hay que recordar el día de nuestra llegada.
Guilherme, que está cursando la carrera de Geografía e Historia en la Universidad de Santiago, nos ha enseñado lugares que pocos conocen. Algunos, realmente curiosos, como el «agujero negro» de los deseos, por lo menos así lo bautizo yo. El Carallo 29. Las dos calles más estrechas de Santiago. Y otro extremadamente bonito: la biblioteca de su Universidad.
Agujero negro de los deseosCaralho 29Segunda calle más estrecha de Santiago. Entre RuasCalle más estrecha de SantiagoBiblioteca de la facultad de Geografía e Historia. USC
Hemos ido a comer todos, María, Guilherme, Cayetano, Jesús, Miguel Ángel, Antonio Soriano, un peregrino de 79 años, que está haciendo los caminos desde las cuatro provincias gallegas, una peregrina italiana y yo, al Restaurante Damajuana.
A la entrada del restaurante DamajuanaMaría envía esta información todos los días
Nos despedimos de los amigos y dedicamos un tiempo antes de ir al hotel a comprar regalos para la familia.
Una escena típica de Santiago. Ver pasar a la tuna.
Por la tarde, duchadicos ya y más relajados, vamos a ver al apóstol, que está donde lo dejamos la otra vez. Aunque me ha parecido que los que lo cuidan son cada día más sosos. Prohibido esto, prohibido lo otro, prohibido hacer fotos. Pues no hay fotos.
Ha estado todo el día que si llovía que si no. Por la tarde, ya se ha decidido y llovía con ganas. Y cuanto más llovía menos ganas daba de pasear por Santiago.
No hay camino que no tenga fin.
Séneca
El hotel en el que estamos es el hotel México P.R. en la calle República Argentina. Tal vez sea la cuarta vez que estoy hospedado en él. Está a diez minutos de la Estación de Tren.
Mañana regresamos a casa, Cayetano a Alicante, Miguel Ángel y yo, a Zaragoza.
Bienaventurado eres, peregrino, porque has descubierto que el camino comienza cuando se acaba
El despertador sigue sonando a las siete, aunque los tres llevamos rato despiertos. Sin prisas, pero sin pausas, vamos entrando en el baño, a hacer lo que se hace en el baño.
A las siete y media estamos listos para bajar, dejar las mochilas en recepción y pasar al bar a desayunar.
El bar, a esta hora de la mañana, lleno de peregrinos, equipados con indumentarias llamativas, hablando diferentes idiomas, italiano, portugués, inglés, francés y español, se asemeja a la cantina de la Guerra de las Galaxias. Solo faltan C3PO y R2-D2.
Me persigue la Sociedad General de Autores Interés-paciales
Nos encontramos con un tiempo fresco y nublado que desaparece por arte de magia después del café con leche y el cruasán con mantequilla.
Así está de bonita la mañana
La etapa más bonita de este Camino, en mi opinión, por los lugares por los que pasamos y por lo suave de sus cuestas. Por supuesto sin contar con la de mañana, que está por ver.
El camino de la vida es increíblemente sinuoso y ningún camino es igual. Sin embargo, debes aprender durante el viaje y no en el destino.
Don Williams Jr.
Pasamos por un parque temático, con dinosaurio incluido.
Rincones realmente bellos
Prefiero soportar el peso de una mochila que el peso de la rutina
San Paio de BuscásSan Paio = San Pelayo
Contempla cada camino de cerca, entonces hazte esta pregunta crucial: ¿me lleva el corazón por esta ruta? Si lo hace, entonces el camino es bueno. Si no es así, es inútil.
Carlos Castañeda
Caminos con dosel de eucalipto
Solo hay dos puntos de avituallamiento (tal vez tres). En el kilómetro siete y en kilometro once. Elegimos el de los once para hacer nuestra primera y única parada.
O Cruceiro, en A Calle (Ordres)
Parece que en todo el Inglés se han puesto de acuerdo en los bocadillos, el mismo pan, el mismo tamaño, lo mismo dentro y hasta el mismo precio. Así que pedimos lo mismo de siempre. No por repetitivo deja de estar bueno.
Típical bocata
No hacen falta motivos para el Camino. Él mismo es el motivo
Y en cada concello su iglesia
El camino arriba y abajo es uno y el mismo.
Heráclto de Efeso
Tendrá razón Heráclito, pero llevo mejor las cuestas abajo
Llegamos a Sigüeiro a las dos y cuarto. Al albergue Mirás. Restaurante abajo, habitaciones arriba. Estamos en una con dos literas de dos camas solo para nosotros.
Salón social del albergue Mirás
Se ha vuelto a sacrificar Cayetano, tomando la de arriba. Es un buen amigo que no solo hace eso por nosotros. A mí, cada día, me ayuda a ponerme los calcetines. Es una ayuda inestimable que tengo que reconocer públicamente.
En el albergue hay maquinas de lavado y secado de ropa y aprovechamos para hacer la colada de todo lo sucio.
Esperamos que las maquinas acaben su labor, tomando unas estrellas de aquí. Vamos a dejar la Vía Láctea sin Estrellas.
No comemos, ninguno dice tener hambre.
Miguel y yo salimos a dar una vuelta por Sigüeiro. Ha sido una vuelta muy corta.
Mascota do concello¡Cuánto nos gustan estas cosicas!
Las dos personas a las que hemos preguntado han dicho lo mismo: que Sigüeiro era muy pequeño y apenas tiene nada de bonito.
El Río Tambre a su paso por Sigüeiro
No sabemos si será verdad. Aún así, vamos a ver, por fuera, la iglesia, que está cerrada.
Iglesia de San Andrés de Barciela
Alli conocemos a Ricardo y su señora. Tienen tienda de artesanía en Santiago, Richard Souvenirs y nos recomiendan un sitio para comer en Santiago, el Damajuana, al lado de la catedral.
Nuestra idea era cenar un plato de cuchara, caldo gallego o algo así. Pero en ninguno de los dos bares que tenemos referencias, tienen de eso para las cenas.
En el mismo restaurante del albergue, pedimos tres medias raciones de cosas variadas. No me explico como serán las raciones enteras. Algo exageradicos para comer ya son en esta tierra.
Mi media ración
Y a las veintidós, hora peninsular, nos metemos en la cama.
Mientras Miguel Ángel y Cayetano, rezan sus oraciones, yo, escribo esto.
Para mañana ponemos el despertador un cuarto de hora antes de lo habitual. El baño es compartido y hay muchos peregrinos.
En Santiago, además del apóstol, nos esperará nuestro amigo Jesús, el carpintero. Pero no el de Nazaret, sino el de Cambados.
Y María, pero no la madre de Jesús, sino María Dacuña, una peregrina conocida nuestra.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino.
Despertador a las 7, pero con menos prisas que otros días. Ya que en Aragón es fiesta, nos vamos a tomar alguna licencia.
Hemos desayunado en el albergue. Tiene maquinitas de café a un euro y ya, en la calle, pero en la misma puerta, hay otra expendedora de cosas varias. Elegimos tres Kinders Buenos.
Ayer ya vimos por donde salía el camino y no hemos tardado en conectar con él.
Chorradicas que hacemos los peregrinos
La página de Gronze.com marca la etapa como dura. Vamos preparados para todo.
Sobre todo para el frío, que llevamos días oyendo que van a bajar las temperaturas.
A nosotros, tanto la etapa como el tiempo, nos han parecido más suaves que ayer. Las cuestas, que las ha habido, han sido menos pendientes, aunque quizás más largas.
Los paisajes sorprendentes. Bosques de altos eucaliptos e intensamente verdes.
Cayetano, diciendo adiós a uno de los concellos.
Estás muy ocupado ahora, quieres lograr todo, pero no mires solo hacia adelante, ¡fíjate que el camino también es hermoso! A medida que se envejece y miras hacia atrás en su vida, te darás cuenta de que deberías haberse detenido a pensar varias veces en lugar de apresurarte.
Ellen De Visser
Cuando el camino es largo, un buen amigo nunca es demasiado.
Proverbio chino
Y en cada concello un poquito grande, una iglesia con cementerio adosado.
Otra cosa a destacar es que las zonas de servicio a peregrinos son más escasas que en otras etapas y más separadas. Por eso, las hemos aprovechado bien, en las dos únicas ocasiones que se han presentado.
La primera en Meangos. Un barcito con terraza en la carretera. Pedimos medio bocadillo de jamón, cada uno, porque son impresionantes. Y el tercio de Estrella, que no falte.
Ambiebte peregrino. Predomina el portugués.
Y la segunda a tres kilómetros de nuestro destino. Ésta ya, que sirviera como comida de medio día. En el Bar Avelina. No hay menús, solo bocadillos. Nos hemos atrevido con el bocadillo entero. Pan gallego con tomate y mucho jamón. Dos tercios de Estrella. Cafés y helados.
Carmen, hermana de Avelina (la del bar Avelina) ha estado continuamente viniendo a la mesa a traer cosas. Un plato de salami, unas galletas y como ha visto que las mojaba en la cerveza, ha traído unos bizcochos y un chupito de Sansón, una bebida dulce para untar bizcochos.
Con Carmen y un bizcocho
Reconfortados con semejante almuerzo, hacemos los kilómetros que nos faltan hasta nuestro destino, en menos de 30 minutos.
La habitación está muy bien, amplia, con tres camas y baño. Le saco foto, antes de deshacer las camas.
Todo está bien salvo que, después de la ducha, Miguel Ángel y yo, estamos helados. Mucho frío en la habitación. Llamamos a recepción y nos dicen dónde están los radiadores y como ponerlos en funcionamiento.
Y es que la temperatura baja por momentos.
El cielo se empieza a poner amenazante
Gracias, Señor, por la noche, por el día, por el sol, por las nubes, por las flechas amarillas.
A las ocho, para completar el día decidimos bajar al restaurante a ver si es posible cenar algo caliente. Nos ofrecen fabada. Pues fabada.
Con vino y tocino no hay frío ni mal camino
Sin más lujos subimos a la habitación. Y cada uno en su cama dedicamos el tiempo a nuestras cosas. Yo a escribir esto.
Mañana iremos a Sigueiro, a unos 25 km. Es ya la penúltima etapa de este Camino Inglés.
Esta primera noche en albergue, no la estoy pasando bien. Y digo «estoy» porque escribo esto a la una de la madrugada y, teóricamente, debería de estar dormido.
He elegido para taparme el saco sábana. Será por tener estropeado el termostato, o no, paso de tener frío al sudor intenso en cuestión de segundos. Y embutido en ese saco es difícil salir. Voy a probar a cubrirme con la manta del albergue, que es más fácil de manejo.
Pero me queda un problema. Una cancioncilla se ha metido en la cabeza. Estoy todo el tiempo tarareándola, si estuviera en casa me levantaría a tocarla a ver si así la conjuraba a irse. Pero aquí no hay un mal laúd para echarle a la púa, que siempre llevo.
Se me ha ocurrido levantarme y pasear. Mala idea, muy mala. Al haber en todo el albergue luces automáticas, era un «¡Hágase la luz!» continuo.
Al final recurro a esto, a escribir, me refiero. Me imagino que el propio agotamiento me dejará dormir.
Si, al final me dormí, y aún me ha dado tiempo para descansar.
Pero nada más despertar, un nuevo problema. El pantalón que había dejado colgado, había desaparecido. Alguno de los peregrinos con los que compartíamos habitación se lo había llevado.
Confiando en el dicho popular de «arrieros somos y en el camino nos encontraremos», no me he preocupado demasiado, que no me sienta bien. Afortunadamente llevaba otro pantalón más y me ha evitado hacer la etapa en calzoncillos.
También hemos salido sin desayunar. Y nada más empezar el camino, han llegado las cuestas arriba. Las llevo muy mal, para qué engañarme. Tano y, a veces, Miguel, van conmigo y no me abandonan.
Si estás bueno del estómago, no te duele ningún costado y puedes andar con tus pies, ninguna otra cosa mejor te podrán añadir todas las riquezas de los reyes.
Quinto Oracio Flaco
Salimos por el camino que ya localizamos ayer, sin ninguna dificultad para encontrar las señales.
Bonito cruceiroMiguel Ángel, abriendo el paso.Cayetano, vigilando la retaguardia.
La primera parada, para tomar un café con leche y un trozo de tarta, ha sido en Puente Bajoy, un lugar muy bien valorado por los peregrinos.
Tetería Puente Bajoy
Hemos continuado con más energía, pero nos quedaban muchas más cuestas por delante.
Hoy el camino entero siguiendo las flechas. Aunque supiéramos que cada desvío fueran más kilómetros.
Llegamos a Miño, otra pequeña parada, está vez para la cerveza sin (alcohol) tostada.
Las Estrellas de Camino. Estrella de Galicia.Otra paradicaSecándome el sudor, gracias a la toallita y a quien me la regaló .
Los paisajes son geniales. Ya lo he dicho alguna vez pero se puede repetir. Bosques a derecha e izquierda, la mayoría de eucalitos, pero no dejan de ser impresionantes.
Cada vez que coronamos una cuesta, nos reconciliamos con el CaminoA veces bebemos agua
Llegamos, por fin al Albergue Río Mandeo. De los mismos dueños que el de Pontedeume.
Nada más entrar por la puerta, ha venido el peregrino Pau, a devolverme el pantalón y a pedirme perdón por el despiste ¡Somos buena gente los peregrinos!
Estamos alojados aún mejor que ayer, en un cuarto de tres camas, con un baño privado. Se entra en el albergue, en la habitación y en el baño, con una llave electrónica, y cada uno tiene la suya.
Sin ducharnos ni deshacer la maleta, salimos a buscar un restaurante. Google nos recomienda el Mesón Avenida, que está muy cerca del albergue, es especialista en cocina gallega y económico.
Bodegón peregrino
Pedimos los tres lo mismo, ensalada, raxo (carne de cerdo) a la pimienta y tarta al güisqui. Cayetano solo come el primero ¡A ver si va a ser marciano!
Decidimos en concilio que por la tarde, tras ducharnos y descansar un rato, saldremos a ver Betanzos y cenaremos una tortilla típica de aquí, esa que al cortarla se desmorona.
Betanzos resulta ser una ciudad bastante bonita, con mucha cuesta, eso si. También tiene su Ría, la del Mandeo. Hacemos fotos de casi todo.
Fuente de Diana Cazadora.Convento e Iglesia de Santo Domingo
Las ciudades y los pueblos son libros que se leen con los pies
Quintín Cabrera
Los Hermanos García NaveiraRía de Mandeo
Y llega la hora de la cena. Esta vez no hay que pensar mucho. Estaba decidido antes de entrar. Tortilla de Betanzos.
La tortilla como podéis adivinar por el vídeo, no es muy gorda, es blandita, tiene más huevos que la normal, no lleva cebolla, el huevo interno queda cocinado, pero no cuajado y se desparrama al cortarla. Tarea que, mis compañeros, me dejan hacer a mí. Un circulo completo de tortilla, trescientos sesenta grados, para tres, a ciento veinte grados, más menos cinco. Corte homologado, donde los haya.
Con un heladico de postre y nos vamos tan contentos al albergue
Ahora, mientras escribo esto, los dos están roncando suave y soy el único que vela las armas.
Mañana iremos O Mesón do Vento, a 1,8 km de Hospital de Bruma
Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies