El Camino de Santiago en mi vida

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En la cena de Noche Vieja de 1998, no recuerdo si antes o después de las campanadas que dieron paso 1999, pero seguro que después de varios vinos, mi amigo Pepe (José Asensio) me dijo: “Una cosa que me gustaría mucho hacer es el Camino de Santiago”, “¿y porqué no lo hacemos este año que además es Año Santo?”, “pues lo hacemos”, “pues vale”, “ya quedaremos más días, que hay que hablar de fechas, guías del Camino, habrá que entrenar, comprar botas, la mochila, enterarnos de los albergues, si hace falta algún documento especial…”

Y de esta manera tan tonta empezó mi relación con el Camino de Santiago, del que apenas sabía nada. Relación que se ha mantenido durante catorce años consecutivos, en los que como mínimo una semana al año desgastaba botas y meniscos en ir, porque ya el primer año aprendí que lo fascinante no es llegar sino saber disfrutar de ese ir, del caminar, del Camino.

El Camino de Santiago no es un camino como los demás, es una experiencia excepcional de vida que termina con las apariencias y en la que acabamos encontrándonos a nosotros mismos, descubriendo cómo somos.

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2 respuestas a El Camino de Santiago en mi vida

  1. Teresa Perez Sanz dijo:

    me encanta tu blog, cuando acabes de este camino , quedaremos y nos haremos un cafenet y asi nos conoceremos, saludos y ultreia.

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