23/10/2024 Lalín – Silleda
Cuarta etapa de nuestro Camino
Sin dolor no hay gloria.
Lalín
Hemos dejado atrás el SPA Hotel y, apenas pasado el primer kilómetro, tras tantos días viendo castañas por el suelo, el castañazo ha sido inevitable. He tropezado con algo y he acabado en el suelo. De ahí no he pasado. Todo bien, salvo una costilla que protesta, eso sí, solo cuando me río.
El Camino tiene estas cosas: cuando uno empieza a confiarse, se encarga de recordarle que sigue mandando él.
Resumen de la etapa | ||
| O Castro Dozón – Silleda | ||
21,2 km Distancia | +470m / −170m Desnivel | |
08:30 h Salida | 14:00 h Llegada | |
5 h 30 min Tiempo | ||
| ⚠ Dificultad: media | ||
La etapa de hoy ha sido corta y amable, tanto que ya no me ha dado tiempo a caerme otra vez. El Camino avanza con suavidad, sin grandes sobresaltos, como si después de los esfuerzos anteriores, que no han sido muchos, quisiera darnos una tregua.
Los kilómetros se suceden entre pistas cómodas, zonas abiertas y pequeños núcleos donde la vida cotidiana sigue su curso ajena al paso del peregrino.
A medida que nos acercamos a Silleda, se percibe una sensación de transición. No es solo un cambio de paisaje, sino también de ánimo: dejamos atrás las etapas más solitarias y empezamos a notar que Santiago está más cerca. Aparecen más referencias modernas, más movimiento, y el Camino se vuelve algo más doméstico, menos épico quizá, pero muy humano.
Silleda
Silleda, ya en la histórica Trasdeza, combina hoy ese carácter de villa tranquila con una faceta más contemporánea, ligada a la Feira Internacional de Galicia, que desde hace décadas convierte la localidad en punto de encuentro de gentes muy diversas. Para el peregrino, sin embargo, sigue siendo un buen lugar donde detenerse, descansar y recomponer fuerzas antes de afrontar jornadas más largas.
El albergue, el peor hasta ahora. No pongo el nombre, que luego todo se sabe. Un cuarto piso sin ascensor, habitación pequeña y baño compartido. Tiene, eso sí, un punto a favor: una terraza acristalada, a modo de invernadero, donde resulta un placer sentarse y dejar pasar el tiempo, viendo cómo la tarde se va apagando sin prisa.
A la hora de comer tampoco hemos acertado del todo. Aun así, nos hemos metido unos orujos, para curarnos por dentro, en un velador al sol, que siempre ayuda a ver la realidad con mejores ojos.
Para cenar, un pulpo a feira y los restos del almuerzo. Galicia nunca falla del todo.
Mañana vamos a Ponte Ulla, a la pensión-restaurante O’Cruceiro. Ya estuve allí alojado con Domingo González, en mi Camino de la Plata. Buen recuerdo.
«Caminar solo te lleva rápido, caminar acompañado te lleva lejos.»
La costilla, como los pimientos de Padrón:
a veces duele, a veces non.
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