19/10/2024 Ourense
Hoy, sábado, mi amigo Miguel Ángel y yo hemos llegado a Ourense, punto de partida de la parte final del Camino Sanabrés. El viaje desde Zaragoza ha sido tranquilo, con tiempo suficiente para descansar y recordar que cada Camino empieza mucho antes de dar el primer paso a pie: en nuestro caso, entre maletas, mapas, cafés y conversaciones sobre etapas, alojamientos y recuerdos de Caminos anteriores.
Al llegar, nos hemos sumergido en el casco histórico de Ourense, una ciudad que mezcla con gracia el ambiente moderno con el sabor de siglos pasados. Calles estrechas, plazas acogedoras, bares donde se respira el pulso de la ciudad y rincones que invitan a sentarse un momento y contemplar la vida pasar.
Y cómo no, la Catedral de San Martiño, majestuosa y serena, patrón de Ourense y también de Salillas de Jalón, entre otras localidades. Un edificio que, con sus siglos de historia, recuerda que los caminos que emprendemos no son solo físicos, sino también culturales y espirituales: siglos de peregrinos han pasado por sus puertas, y nosotros somos parte de esa continuidad.
Pasear por Ourense es comprender que el Camino no empieza únicamente al poner un pie en la senda; empieza en cada ciudad que se atraviesa, en cada conversación, en cada parada para mirar un detalle del patrimonio o simplemente para contemplar el río Miño fluyendo lentamente. Y en Ourense, entre puentes, plazas y termas, se siente esa conexión con la historia y con los peregrinos que nos han precedido.
Mañana, domingo, iniciamos oficialmente la etapa Ourense – Cea. Se prevé un día fresco, nublado y con posibilidad de chubascos, lo que nos recuerda, una vez más, que el Camino siempre trae algo de incertidumbre y aventura, y que cada paso es, en realidad, una lección de paciencia y disfrute.
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